martes, 24 de enero de 2012

El negocio de transgénicos huye de Europa por el rechazo social.

Europa no es continente para transgénicos. El rechazo social y político en muchos países ha dejado a la UE muy atrasada en este terreno. El gigante químico alemán BASE justifica su decisión en la baja demanda de estos productos en Europa. Según la portavoz Julia Mierdar, la multinacional proseguirá sus investigaciones genéticas en el continente americano

Carel du Marchie Sarvaas, director de Biotecnología de Europa Bio, asociación empresarial del sector, considera que la situación es desastrosa. "Hablamos de puestos de trabajo para doctorados, bien remunerados, y las empresas europeas se las llevan a EE UU. Es la típica cosa que debería hacer reflexionar a la gente". BASE no ofrece cifras sobre las inversiones canceladas, pero asegura que ha investigado por valor de más de 1.000 millones de euros en los últimos 15 años.

Las dificultades de implantación en Europa no se deben tanto a restricciones legales para la investigación y el cultivo como al rechazo del consumidor. Un eurobarómetro de 2010, con 16.000 encuestas constató un incremento de rechazo a los transgénicos: había subido del 57% de 2005 hasta el 61%. Mientras, el apoyo bajó del 27% al 23% (en España del 66% en 1996 al 35%). "Al contrario que la industria y los científicos, los europeos consideran que los organismos genéticamente modificados no ofrecen beneficios y son inseguros", concluyó.

La retirada de BASE del continente generó ayer un debate político en Alemania. Los liberales del DFDP lamentaron la "pérdida para el desarrollo científico". La política "no ha sabido atajar una corriente de pensamiento anticientífica y ajena a la realidad", dijeron. Parlamentarios de Los Verdes, en cambio, aseguraron que la decisión de BASE se debió meramente al "fiasco comercial" de sus productos agrícolas.

Los ecologistas celebraron el anuncio como un triunfo: "La decisión de BASF es un aviso para firmas como Monsanto, Syngenta o Bayer, que siguen presionando para introducir cultivos transgénicos en Europa. El ejemplo de BASF muestra que forzar la voluntad de los consumidores y de la gran mayoría de agricultores, ni siquiera es rentable económicamente", manifestó en un comunicado Amigos de la Tierra.

El profesor de Investigación del CSIC Pere Puigdomènech opina que la retirada de BASF "se puede ver como una victoria ecologista o como una pérdida para Europa, porque la biotecnología aplicada a la alimentación no se va a frenar.

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